sábado, 21 de mayo de 2011

Historia del Calentamiento Global


No se sabe quién fue la primera persona en señalar el término “Calentamiento Global”, pero desde finales del siglo XIX, el geólogo Arrenos comenzó a hablar de que el aumentar del dióxido de carbono por las combustiones cerraría la ventana de radiación, lo cual traería como consecuencia el aumento de la temperatura. El dióxido de carbono tiende a impedir el enfriamiento de la tierra, absorbiendo las radiaciones que usualmente ésta emite y que escapan al espacio exterior. Como el calor que escapa es menor, la temperatura global del planeta, aumenta.
Arrenos fue la primera persona que alertó sobre el tema. En otros términos, el calentamiento global es una palabra utilizada para sintetizar una serie de procesos de los cuales se espera que, el sistema climático (la atmósfera y los océanos y algunos otros de sus elementos) se caliente por el aumento de los gases invernaderos.
Hace 55 millones de años la Tierra estaba en el Eoceno, durante este período, el planeta sufrió un particular calentamiento, experimentó un importante aumento en sus temperaturas debido a un cambio en los gases invernadero de la atmósfera.
Este aumento fue de unos 5 ºC, lo cual representó uno de los más notables cambios en la temperatura en toda la historia geológica de la Tierra. Como consecuencia favorable, el aumento ayudó a que los mamíferos se dispersaran por toda la superficie terrestre, dando lugar a la evolución de los primates antecesores de los seres humanos.
La causa de este calentamiento, fue la existencia de hidratos enterrados en los sedimentos oceánicos; el mar se calentó lo suficiente y estos hidratos (compuestos por agua y metano) se descongelaron, causando una reacción que dio lugar a la aparición del dióxido de carbono, uno de los principales gases invernadero. El CO2 cubrió toda la atmósfera provocando el efecto invernadero, causando el primer calentamiento global terrestre, que duró 100.000 años. Y desde ese entonces, las temperaturas han ido aumentando progresivamente a razón de un cuarto de grado por cada 1.000 años hasta hoy en día.
Sin embargo, el primero en manifestar un interés por el actual problema fue Svante August Arrhenius, quien en 1903 publicó el: “Tratado de física del Cosmos”, artículo en el cual hablaba sobre la posibilidad de que la quema de combustibles fósiles incrementara la temperatura media de la Tierra. Entre otras cosas, calculaba que se necesitarían 3000 años de combustión de combustibles para que se alterara el clima del planeta, bajo la suposición de que los océanos captarían todo el CO 2 (actualmente se sabe que los océanos han absorbido un 48% del CO 2 antropogénico desde 1800). Arrhenius estimó el incremento de la temperatura del planeta cuando se doblara la concentración de dióxido de carbono de la atmósfera. Fijaba un aumento de 5 ºC y otorgaba una valoración positiva a este incremento de temperatura porque imaginaba que aumentaría la superficie cultivable y que los países del norte serían más productivos.
En las décadas siguientes las teorías de Arrhenius fueron poco valoradas, porque se creía que el CO2 no influía en la temperatura del planeta y el efecto invernadero se atribuía exclusivamente al vapor de agua. El 19 de mayo de 1937, 35 años después de que Arrhenius publicara su teoría, Callendar (tecnólogo especialista en vapor) publicó: “La producción artificial de dióxido de carbono y su influencia en la temperatura”, artículo que corregía algunas estimaciones realizadas por Arrhenius, como por ejemplo: la capacidad de los océanos para absorber CO2. Callendar estimaba que el incremento de temperatura por año era de 0,003ºC (actualmente se estima que en la segunda mitad del siglo XX se ha producido un incremento de 0.005ºC por año).
En los años 1940 se desarrolló la espectrofotometría de infrarrojos, que ha permitido conocer que el CO2 absorbe la luz de manera distinta al vapor de agua, incrementando notablemente el efecto invernadero. Todo esto fue resumido por Gilbert Plass en el año 1955.
Pese a los estudios teóricos, no existían aún evidencias científicas del cambio climático. La primera evidencia científica apareció en 1958 cuando Charles Keeling empezó a representar el comportamiento del CO2 atmosférico. Usaba datos de una estación en Mauna Loa y otra en la Antártida. Un poco antes, la Organización Meteorológica Mundial ya había iniciado diversos planos de seguimiento, que tenían como objetivo, entre otras cosas, de calcular los niveles de CO2 en la troposfera.
En 1974, aceptadas ya las hipótesis científicas, la OMM decidió crear un equipo de expertos sobre el cambio climático. Así en 1985 tuvo lugar la conferencia de Villach (Austria), donde las Naciones Unidas y el Consejo Internacional para el Medio Ambiente concluyeron que para finales del siglo XXI se podría producir un aumento en las temperaturas de entre 1,5 y 4,5ºC y un ascenso del nivel del mar entre 20 y 140cm.
El revuelo social que produjeron todos estos estudios facilitó que en 1988 se fundara el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que en 1990, concluyo después de su primera reunión que de seguir con el ritmo actual de emisiones de gases de efecto invernadero, se debería esperar un aumento de 0,3 ºC por decenio durante el próximo siglo (mayor que el producido durante los últimos 10.000 años).
En 1992 se celebró en Río de Janeiro la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, también conocida como la Cumbre de la Tierra, donde más de 150 países acudieron y se logró aprobar la Convención Marco sobre el Cambio Climático para tratar de estabilizar las emisiones de gases de efecto invernadero a un nivel aceptable.
En 1997 se comenzó a redactar el protocolo de KyotoHexafluoruro de Azufre, Hidrofluorocarbonos y Perfluorocarbonos. Se justificó no incluir el vapor de agua entre los gases de efecto invernadero considerados. Su redacción finalizó en 1998 aunque no entró en vigor hasta noviembre de 2004 cuando fue ratificado por Rusia.
Tras el tercer informe del IPCC, se consideró la necesidad de un nuevo protocolo más severo y con la ratificación de más países a parte del G77. Por esta razón, en 2005 se reunieron en Montreal todos los países que hasta el momento habían ratificado el protocolo de Kyoto y otros países responsables de la mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero, incluyendo Estados Unidos, China e India. La negociación en Montreal proveía la redacción de unas bases para la futura negociación de un nuevo protocolo que entraría en vigor en 2012, fecha de caducidad del actual protocolo. Durante la reunión, varios países pusieron objeciones y retrasaron el preacuerdo (es el caso de Estados Unidos o Rusia) pero después de retrasar algunos días el final de la negociación se llegó a un preacuerdo.
En Bali entre el 3 y el 13 de diciembre de 2007 se reanudaron las negociaciones y aunque no se fijaron límites para los gases de efecto invernadero, se alcanzó un acuerdo que, entre otras cosas, incentivaba la distribución de energías renovables entre los países en vías de desarrollo para que estos no basaran su crecimiento económico en la quema de combustibles fósiles.




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